HISTORIA Y PERSPECTIVAS DE LA BIOLOGÍA:
Presentar
con un cierto detalle el desarrollo de los conocimientos en las ciencias de la
vida haría excesivamente largo este apartado; sin embargo, es interesante
destacar brevemente los primeros esbozos de la Biología y los nombres, hechos y
momentos más significativos en el curso de su historia.
Es muy probable que
el hombre fuera biólogo antes que otra cosa. Los fenómenos de nacimiento,
crecimiento y muerte, las plantas y animales que le servían de alimento y
vestido, su propio cuerpo, sano o enfermo, indudablemente debieron ser para él
objeto de serias consideraciones, cuyo motivo no era sino la necesidad
cotidiana y los requerimientos de la supervivencia, motivos que aún impulsan en
la actualidad las ramas más importantes de la Biología Aplicada. Pero,
al igual que sucede con otras ramas de la ciencia, probablemente la primera
civilización que mostró cierto interés por la Biología y de la que guardamos
testimonios escritos sea la china, varios milenios antes de Cristo. Así, entre
el cuarto y el tercer milenio a. C., ya se cultivaba el gusano productor de
seda para la obtención de tejidos de dicha fibra. La cultura antigua china ya
tenía los tratados de materia médica en los cuales se describen plantas y
animales con propiedades terapéuticas, así como numerosas acepciones a la
fisiología humana en sus tratados sobre acupuntura. La antigua civilización
hindú también hace referencia a los principios anteriores, aunque posiblemente
sea debido a la influencia de la cultura china. Sin embargo la cultura hindú
genera una medicina desprovista del carácter mágico, y más bien basada en el
pensamiento racional. Las culturas mesopotámicas también investigaron aspectos
relacionados con la Biología, con la Medicina, y la Zootecnia. Por su parte,
los egipcios tenían importantes conocimientos agrícolas, así como profundos
conocimientos sobre la anatomía humana y animal, debido a las técnicas de
embalsamamiento que realizaban. Ya en el Imperio Antiguo (2700-2200 a.C.) se
desarrolla ampliamente la medicina y la cirugía, algunos de cuyos instrumentos
y técnicas, convenientemente modificados, se siguen utilizando en la
actualidad. Los egipcios recogían muestras vivas de plantas y animales de sus
expediciones y desarrollaban jardines zoológicos y botánicos, lo que demuestra
un gran interés por las Ciencias Naturales.
Dentro
de la cultura occidental, el origen de la Biología como pensamiento y
conocimiento organizado, al igual que para otras ramas del saber debemos
buscarlo en la antigua Grecia. El pueblo heleno estaba constituido por una
serie de tribus, algunas de las cuales, como las de los jonios y los dorios,
alcanzaron un gran desarrollo cultural. Entre los primeros, cabe destacar a
Tales y a Anaximandro de Mileto, que vivieron entre
los años 600-550 a.C. y que fueron los primeros en llevar al mundo helénico el
abandonado saber babilónico. En ellos ya están establecidos los principales
aspectos del conocimiento biológico. Así por ejemplo, Anaximandro
escribe sus pensamientos sobre la adaptación biológica y apunta la idea de un
origen común de l organismos, procedente del agua. Entre los segundos, Pitágoras,
nacido en la Isla de Samos hacia 580 a. C. destacó
por sus aportaciones en Matemáticas y Astronomía, fundó su escuela en la ciudad
de Crotona, fundada por los dóricos en la Italia
Meridional. Dentro de las escuelas
pitagóricas de la Italia meridional, Alcmeón de Crotona (500 a.C.) descubrió por disección los nervios
ópticos que conectan los ojos con el cerebro, así como las trompas de Eustaquio
que conectan los oídos con la boca. Entre ambos pueblos, en la isla de Cos, unos
600 años antes de Cristo se constituyó la primera institución científica
reconocida: una escuela de medicina. Su figura más relevante fue Hipócrates (460-370 a.
C.), al que se considera padre de la Biología científica y de
la Medicina. Elaboró una teoría general sobre composición de la sustancia viva
y toda una serie de tratados médicos que configuran el cuerpo hipocrático, vasta
síntesis teórica que abarca temas relacionados con la medicina, la embriología,
la fisiología y la anatomía de la época. Sus estudios comparados de los
embriones del pollo y del hombre le convierten en el precursor de la embriogénesis, punto de apoyo para la teoría de la
evolución.
Dentro de la línea de pensamiento
iniciada por Tales, Demócrito (460-360 a.C) establece unas profundas bases biológicas cuyo
desarrollo posterior dará frutos en las más diversas disciplinas de las
Ciencias de la Naturaleza, incluyendo su clasificación sobre los animales en
aquellos con y sin sangre que, aceptada por Aristóteles, se mantiene durante
milenios. Su aportación universal sobre la visión atomista y considerar que “el
azar no es más que la forma compleja de las leyes de la naturaleza que nosotros
ignoramos” parecen sus máximas aportaciones al saber universal.
Tras
las conquistas de Alejandro Magno, el centro principal de la ciencia griega
pasó a Alejandría (fundada por Alejandro el año 322 a.C.). En el siglo tercero
a.C. se produjo una explosión de actividad en el campo médico y biológico en
dicha ciudad, bajo el gobierno de los primeros Ptolomeos,
dándose una segunda explosión en el siglo segundo de nuestra era, bajo los
romanos. Con el Imperio Romano se estableció de una manera pragmática el
estudio científico y por tanto se desarrollaron especialmente la Zoología y la
Botánica por sus aplicaciones a la
ganadería y agricultura. Merecen ser destacadas las descripciones de plantas
de Catón (232-147 a.C.) en su libro “De agricultura”. En Roma nunca
arraigó la práctica griega de la disección en la enseñanza de la medicina.
Adoptaron el contenido de la ciencia griega pero no su método, por lo que sus
obras tendían a ser fundamentalmente filosóficas, como la “De la Naturaleza de
las Cosas” de Lucrecio (98-55 a. C.), que consideraba
al azar como la base de lo vivo, sugiere la sucesión de especies por otras más
adaptadas, e incluye el término ‘extinción de las especies’ y selección
natural. Destaca también la “Historia Natural”
de Plinio el Viejo (23-79 d. C.), una vasta
compilación de obras derivadas de escritos de cintos de autores romanos y
griegos anteriores, en la que subyace la idea de que la naturaleza existía para
atender las necesidades del hombre y que fue durante quince siglos la
obra de referencia en Historia Natural.
El
último de los autores célebres de medicina de la antigüedad fue Galeno
(129-199d.C.), quien estudió medicina en Pérgamo,
visitando luego Alejandría y finalmente se estableció en Roma. Galeno hizo
disecciones e investigaciones con animales vivos y muertos, si bien no practicó
disecciones con cuerpos humanos. Elaboró teorías sobre el funcionamiento del
cuerpo humano. Sus teorías fueron muy influyentes y dominaron la medicina hasta
los tiempos modernos.
El
resurgimiento del saber tuvo lugar cuando en el siglo IX los árabes tradujeron
las obras griegas y romanas al árabe e hicieron aportaciones originales como la
de Avicena (980-1037), quien basándose en Galeno
codifica el conocimiento médico. Las versiones árabes de las obras científicas
griegas se tradujeron activamente entre 1125 y 1280. Bajo el patronazgo del
emperador Federico II de Sicilia, Miguel Escoto
tradujo las obras biológicas de Aristóteles y gran parte de la alquimia
musulmana. Como consecuencia de ello y de la fundación de las universidades, se
produjo en Europa durante el siglo XIII una breve eclosión de experimentación,
sobre todo en anatomía, destacando Mondino de Luzzi (Bolonia, 1279-1326). La filosofía de Aristóteles se
integró en la teología católica gracias a Alberto Magno (1193-80). Este autor escribió dos
obras: "De Animalibus" y "De Vegetalibus aut Plantis", que son excelentes tratados de Anatomía y
Botánica. La Zoología se vio beneficiada en esta época ya que, como
consecuencia de la afición a la caza, se escribieron tratados de cetrería. Federico
II de Hohenstaufen (1194-1250) en su obra "De
arte venandi cum avibus" describe gran número de cuestiones
morfológicas del pico, del mecanismo del vuelo, etc.
A partir del siglo XV, y
dentro de la revolución científica que tuvo lugar en el Renacimiento, resurge
el interés por los estudios anatómicos y fisiológicos. Como
figuras importantes hay que destacar
a Leonardo da Vinci (1452-1519), quien representa al
hombre típico del Renacimiento. Éste realiza estudios sobre el cuerpo humano y
su comparación con el de otros animales, así como estudios sobre el vuelo de
las aves. Vesalio (1514-1564) publicó en 1543 "De la estructura del
cuerpo humano", que se considera el primer libro correcto
de anatomía humana. Por otro lado, Fallopio,
discípulo de Vesalio, hizo sus investigaciones sobre
el sistema nervioso y los órganos generativos. El descubrimiento de
América da lugar a la descripción de muchos seres desconocidos por los
antiguos. Merecen destacarse los estudios de José de Acosta (1540-1600), quien
puede considerarse pionero de la Biogeografía. Ya
en el siglo XVII, Guillermo Harvey completó el
descubrimiento de la circulación de la sangre iniciado por el español Miguel Servet en el siglo XVI. A partir de estas investigaciones y
de otros hombres de ciencias, los cuales compartieron esta información, nació
la embriología.
Pero
el siglo XVII supone sobre todo el despegue del desarrollo de la ciencia
moderna. La tradición culta y la artesanal rompen definitivamente la barrera
que las separaba para producir un nuevo método de investigación. De este modo,
a lo largo del siglo XVII, se configuraron los dos modos de hacer ciencia que
hoy reconocemos: el método cualitativo-inductivo, instaurado por Francis Bacon (1561-1626), en el cual el científico recoge datos
empíricos y a partir de esos datos llega a una generalización; y el método
matemático-deductivo (o hipotético-deductivo), desarrollado por Galileo
(1564-1642) y sobre todo por Descartes (1596-1650) en su obra “Discurso del
Método”, en el que el razonamiento va de lo general a lo específico, de este
modo, se hacen hipótesis que a su vez plantean una serie de predicciones que se
pueden probar mediante experimentos con sus correspondientes controles.
En
cuanto a la Biología, el siglo XVII sería el del desarrollo de los primeros
microscopios, lo que amplió el campo de la investigación biológica. Aunque su
invención se produce a finales del siglo XVI por los hermanos holandeses Hanssen, corresponde a Galileo el mérito de haberlo
introducido en la investigación biológica. Entre los grandes impulsores de la microscopía hay que destacar al italiano Malpighi (1628-1694), que logró ver los capilares, y sobre
todo al alemán Leeuwenhoek (1632-1703) que fue el
primero que observó el contenido celular, los espermatozoides y los protozoos. El
siglo XVII vio también el inicio de la Citología. Hooke
(1635-1703) en 1665 dio el nombre de célula (del latín “cella”,
espacio vacío) a los compartimentos que observó al examinar un trozo de corcho
y que le recordaban las celdas de un panal de abejas, aunque la Teoría Celular
aún tardaría más de un siglo en formularse.
Durante
este siglo XVII se planteó también otra cuestión biológica que produjo una gran
polémica en el terreno de la
Embriología. Hasta el momento, se pensaba que el feto existía de forma
minúscula (teoría preformista). Los estudios de Harvey
(1578-1657) sobre el desarrollo del huevo de pollo y la formación del feto de
mamíferos, le condujeron a formular la conocida sentencia "ex ovo omnia", es decir, todos los seres proceden de un
huevo. Por otra parte, la descripción de los óvulos en los ovarios de las
hembras por Graaf (1641-1673) y el descubrimiento de
los espermatozoides en el líquido seminal, dio lugar a una escisión de los
preformistas en dos escuelas rivales: los ovistas,
que creían que el feto se encontraba preformado en el óvulo y los animaculistas, que atribuían este papel al espermatozoide.
Como consecuencia de estas divergencias, a finales del s. XVII las cuestiones
de la fecundación y el desarrollo embrionario estaban lejos aún de ser
aclaradas.
En el
s. XVIII las ciencias biológicas se desarrollan como ciencias experimentales.
La Botánica y la Zoología habían estado
sometidas hasta entonces a una sucesiva acumulación de observaciones y aunque
en la nomenclatura ya había una tendencia a la sistematización, esta no se
realiza plenamente hasta mediados de este siglo. La obra “Systema
Naturae”, del botánico sueco Carlos Linneo proporciona un gran aporte a la biología, como es la
"Nomenclatura Universal", la cual permitió clasificar a las plantas y
animales, en clases, órdenes, géneros y especies, nombrándolas mediante la
nomenclatura binomial introducida por Bauhin, utilizando un nombre para el género y otro para la
especie, actualmente base de la Taxonomía. Contemporáneo de Linneo,
Georges-Louis Leclerc,
conde de Buffon (1707-1788) se opuso a las ideas y
métodos de éste por considerar su clasificación artificial. En su obra "Histoire Naturelle" realiza
excelentes descripciones de animales e introduce novísimos puntos de vista en
el estudio de éstos. Para cada animal que considera, Buffon
reúne todos los datos de lo que hoy llamaríamos la "biología" de la
especie: velocidad de desarrollo, edad adulta para la reproducción en el macho
y en la hembra, duración de la gestación, número de crías por camada, etc. Por
otra parte, se pregunta si la definición de especie es fija o variable; es uno
de los primeros en hablar de "especies perdidas" (extinguidas) y
considera que las especies más primitivas son formas degeneradas de un tipo
original más perfecto, además llama la atención sobre la distribución
geográfica de los seres. Dentro de la misma rama de la clasificación, se
dio a conocer en este siglo el biólogo francés Georges Cuvier,
el cual dedicó su vida a clasificar y comparar las estructuras de diferentes
animales, y de fósiles, convirtiéndose así en el padre de la anatomía comparada
y de la Paleontología. Será también el precursor de la teoría
catastrofista en el debate sobre la evolución que tendrá lugar en el siglo XIX.
Los progresos en el campo de la Física y la Química
ayudaron a comenzar a comprender algunos procesos de la fisiología animal.
Merecen destacarse los estudios de Hales
(1677-1746) y de Albrecht von
Haller (1708-1777), este último responsable de la
teoría miogénica de la acción del corazón y del papel
de los jugos biliares en la digestión de las grasas. La fisiología de la
digestión sería además perfeccionada gracias a los experimentos de Ferchault (1683-1757), quien descubrió el poder digestivo
de la saliva y el mecanismo químico del jugo gástrico en el proceso digestivo.
También
surge el germen de los estudios sobre fisiología vegetal, Priestley
(1733-1804) quien observó que las plantas de menta podían restaurar el aire que
había sido consumido por la combustión de una vela y el aire restablecido no
era tóxico para los animales, por todo ello, consideró que la naturaleza
utiliza la vegetación para la restauración del aire. Ingenhousz
(1730-1799) descubrió que esta renovación del aire solo ocurre si las plantas
se sitúan en presencia de luz solar y que se debe a las partes verdes de la
planta. Al padre de la Química, Lavoiser se le
atribuye el descubrimiento del oxígeno y, con sus estudios, se comienza a
conocer la fisiología y bioquímica de la respiración. Sostuvo que la
respiración no es una simple combustión del carbón, sino que contiene hidrógeno
quemado con formación de vapor de agua. Así, descubrió que los seres vivos
utilizan el oxígeno del aire para la combustión de los alimentos, reacción
química que produce energía. Posteriormente y adaptando las ideas de Lavoiser (1743-1794) sobre la respiración de los animales, Ingenhousz propuso que la planta en presencia de la luz
absorbe el dióxido de carbono “arrojando
al mismo tiempo sólo el oxígeno libre y manteniendo el carbono para sí como
alimento”.
Bonnet (1720-1793) descubre la partenogénesis, siendo además el primero en
comparar la ontogenia (desarrollo individual de la especie) con la filogenia
(historia de la especie a lo largo de los tiempos geológicos). Wolff (1733-1794) propone la Teoría de la Epigénesis sobre
la base de sus estudios de embriones de pollo, en donde deduce que en el huevo
joven no existe un embrión preformado sino sólo el material a partir del cual
se construye el embrión. Su obra supuso el comienzo de la Embriología
descriptiva. Sin embargo, durante todo este siglo estará presente el
problema del principio aristotélico de la generación espontánea de “organismos
inferiores” a partir de materia orgánica. Años antes, en 1674, Francesco Redi (1621-1698) la
puso en duda de forma experimental. Aisló en ocho frascos, distintos tipos de
carnes, de los que sólo cerró cuatro; comprobó que en estos no aparecían
larvas, mientras que sí lo hacían en los que había dejado abiertos. El inglés Needham (1713-1781) basándase
precisamente en el descubrimiento por Leeuwenhoek
de protozoos en infusorios, llegó a conclusiones opuestas a las de Redi al encontrar microorganismos al destapar un recipiente
en el que había puesto a hervir caldo de carnero. Spallanzani
(1729-1799), repitiendo los experimentos de Needham
con mayor precisión y rigor, tomando las suficientes precauciones, como el que
no quedase ninguna espora, demostró la inexactitud de dichos experimentos. El
intercambio epistolar entre ambos estudiosos es digno de comentario, como uno
de los primeros ejemplos entre dos investigadores enfrentados en un tema
científico. Además, los estudios
experimentales de la fecundación de animales realizados por Spallanzani
demuestran la necesidad del contacto entre el espermatozoide y el óvulo, con lo
que el estudio de la generación animal entró en una fase nueva. Sin
embargo, los partidarios de la generación espontánea persistieron hasta que Pasteur (1822-1895) determinó la existencia de bacterias.
Aunque el término evolucionismo
se le atribuye al científico francés Pierre Louis Moreau
de Maupertuis (1698-1759), quien llegó a la
conclusión de que la capacidad de adaptación al medio de los organismos debía
desempeñar un papel decisivo en el futuro de la especie, el debate
evolucionista no irrumpió con fuerza hasta
finales del siglo XVIII, cuando aparecieron en Alemania, Inglaterra y Francia
diversas versiones acerca de la evolución biológica.
En Alemania estaba la escuela de los
filósofos en la naturaleza que concebían las especies orgánicas como otras
tantas realizaciones materiales, separadas y desconexas
de los estadios por los que pasaba la materia en su auto-movimiento hacia el
predestinado final humano. Desde Francia, como se mencionó
anteriormente, Buffon (1707-1788 propuso que las
especies (pero solo las que no habían sido el producto de la creación
divina...) pueden cambiar. Esto fue una gran contribución sobre el primitivo
concepto que todas las especies se originan en un creador perfecto y por lo
tanto no pueden cambiar debido a su origen. En
Inglaterra, Erasmus Darwin (1731-1802), abuelo
de Charles Darwin médico y naturalista, propuso que la vida había cambiado,
pero no presentó un mecanismo claro de como ocurrieron estos cambios, sus notas
son interesantes por la posible influencia sobre su nieto, como la idea curiosamente británica de que los organismos
progresan compitiendo entre sí por el sustento o por las hembras de su especie.
Precisamente, el economista y demógrafo Robert Malthus también recurrió a la idea de la competición entre
individuos para mostrar que el progreso humano era imposible puesto que la
población tiende a crecer en progresión geométrica, por la pasión sexual del
ser humano, mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética,
por lo que llegará un día en que la población será mayor que los medios de
subsistencia, de no emplear medios preventivos y represivos. Propuso como
solución abolir las leyes de protección a los pobres, para que, el miedo a la
miseria, les hiciera “autolimitarse” en su capacidad
reproductiva y “facilitase la movilidad laboral”. Fue el nacimiento del
liberalismo económico que dirige al mundo occidental.
Las dos teorías que más éxito tuvieron en este tiempo fueron la catastrofista
y la teoría de transformación de unas especies en otras.
George Cuvier, convencido
fijista y adversario de peso de las teorías de la
evolución propuso la teoría catastrofista para explicar la extinción de las
especies. Cuvier propuso la existencia de varias
creaciones que ocurrieron después de cada catástrofe. Esta visión era bastante
confortable para la época (pensemos en el diluvio universal) y fue ampliamente
aceptada.
Jean Baptiste de Monet,
más conocido por Caballero de Lamarck (1744-1829) el
científico que acuñó el término biología, el que separó invertebrados de
vertebrados, concluyó audazmente, que los organismos más complejos
evolucionaron de organismos más simples preexistentes. La teoría lamarckiana señalaba la existencia de cambios en las especies
en el tiempo debido al uso o desuso de sus órganos y postuló un
mecanismo para ese cambio: la herencia de los caracteres adquiridos. Pero la
falta de pruebas de un transformismo según el cual el alargamiento del cuello
de las jirafas, su clásico ejemplo, era un carácter adquirido que se explicaba
por los persistentes esfuerzos adaptativos, facilitó
que la teoría de su agresivo adversario Cuvier
acabase imponiéndose en los primeros años del siglo XIX. Así, hacia el 1840, el
debate sobre fijismo y evolucionismo estaba resuelto a favor del primero.
El siglo XIX fue un siglo fascinante para la ciencia de la Biología. No
sólo se plantean las dos grandes teorías de la Biología actual: la Teoría
Evolutiva de Darwin y la Teoría Celular, sino que, significó el comienzo de la
genética gracias a los trabajos pioneros de Mendel,
diversos biólogos prestaron especial atención a seres microscópicos llamados
bacterias, iniciándose la microbiología, nace la bioquímica, se define la
ecología y se esbozan las primeras ideas sobre el origen de la vida. Es en este
siglo cuando Lamarck y Treviranus
introducen el término “Biología” que reemplazará a la expresión “Historia
Natural”, por ser esta poco concreta.
Trabajando independientemente, Charles Darwin (1809-82; nieto de Erasmo)
y Alfred Russell Wallace (1823-1913), desarrollaron la misma teoría acerca
de cómo cambió la vida a lo largo de los tiempos. Darwin comenzó su carrera
como naturalista al embarcarse en el Beagle y
recorrer las costas de Sudamérica y los archipiélagos del Pacífico durante una
larga expedición de cinco años (1831-1836). Durante el viaje, Darwin observó
como especies estrechamente relacionadas se habían sucedido unas a otras a
medida que descendían hacia el sur por el continente americano, así como que las
especies del archipiélago de las Galápagos se asemejaban a las de Sudamérica,
si bien diferían ligeramente entre unas islas y otras. Darwin llegó a la
conclusión de que las especies orgánicas habían evolucionado a lo largo del
tiempo. Wallace visitó el archipiélago malayo donde
observó que las islas vecinas estaban habitadas por especies estrechamente
relacionadas aunque diferentes, como había observado Darwin, antes que él, en
las Galápagos.
Los trabajos de Malthus inspiraron en ambos la
idea de la supervivencia del más apto (al que a veces se le llama “el más
fuerte”). Wallace redactó su artículo y se lo envió a
Darwin. Ambos publicaron sendos artículos de modo conjunto en 1858 proponiendo
que los organismos tienen capacidad para adaptarse al medio ambiente, presentan
caracteres variables que, al azar (no por la idea lamarckiana
del uso o desuso), aparecen en cada población natural y se heredan entre los
individuos. Asimismo, también proponen un mecanismo para ese cambio: la
selección natural, que implica que todos los organismos tienden a
sobre-reproducirse mas allá de la capacidad de su medio ambiente para
mantenerlos y, que no todos los individuos están adaptados por igual a su medio
ambiente, por lo que algunos sobrevivirán y se reproducirán mejor que otros.
En 1859 Darwin
publicó su libro bíblico “El
Origen de las Especies mediante la Selección Natural o la Conservación de las
Razas favorecidas en la lucha por la Vida” que influyó profundamente no sólo en el
desarrollo posterior de la Biología, sino también en la visión acerca de
nosotros mismos y cambió la forma de pensar del mundo occidental, controlado en
la época por el Imperio Británico. Herbert Spencer (1820-1903) extendió la teoría de la selección
natural a la sociedad humana, viendo la supervivencia del más apto como el modo
de progreso de la humanidad: el comercio libre y la competencia económica
serían las formas sociales de la selección natural. Así nació el peligrosísimo Darwinismo social,
en el cual se excusaron las expoliaciones y exterminios de “las razas más
débiles” durante la expansión del imperio. Esta ideología, que tiene poco que
ver con la Biología y la Evolución, hoy domina prácticamente a toda la
sociedad.
La
Teoría Celular se esboza en las observaciones de Dutrochet (1776-1847) y Turpin (1772-1853), de
estructuras animales y vegetales. En el inicio del siglo, Bichat
(1771-1802) había establecido el concepto de tejido como unidad morfológica y
funcional de los seres vivos. Dutrochet separa los
tejidos en “vesículas completas” y concluye que todos los tejidos orgánicos son
agregados de células de varios tipos y su crecimiento es el resultado del
aumento en tamaño o número de sus células. Turpin
describe tejidos vegetales como formados también por células, contrastando con
las ideas por entonces imperantes que consideraban que vegetales y animales
poseían una estructura básica diferente. Definitivamente, el zoólogo alemán Theodor Schwann (1810-1882)
mostró que las células del cartílago de los animales también poseían límites
bien definidos, comparables a los de las células vegetales, además de poseer
núcleo, estructura ya descrita por Brown (1773-1857).
En 1838 y 1839, sobre las bases de sus estudios respectivos en vegetales y
animales, Schwann y el botánico Mattias Schleiden (1804-1881) enuncian la Teoría Celular, según la cual la
célula es la unidad estructural básica de todos los organismos pluricelulares
capaz de existir por sí misma.
El enunciado de la Teoría Celular
tuvo una gran influencia en la comunidad científica y su importancia en la
dinámica de la vida fue establecida cuando, alrededor de 1860, el patólogo
alemán Virchow (1821-1902) establece que todas las
células tienen su origen en células preexistentes, "Omnis
cellula e cellula", y
que las propiedades de los organismos son el resultado de las propiedades de
sus células individuales. Esta teoría de la "república celular" de
los organismos constituyó uno de los primeros intentos de correlación morfo-funcional. De esta forma, los postulados de Virchow consolidaron la Teoría Celular en su forma
definitiva. Sin embargo, la individualidad de las células animales resultó ser
un tema abierto de discusión, objeto de numerosas controversias, aceptándose el
concepto de sincitio para diversos tejidos del
organismo, como el nervioso. Esta idea sería posteriormente desmentida por
Ramón y Cajal (1852-1934), demostrando en 1888 la
relación de contigüidad y no de continuidad de las células nerviosas y
extendiendo la individualidad morfológica y funcional de la célula al sistema
nervioso.
Desde
los años 1840s, se sabía que la célula orgánica se reproducía asexualmente por
fisión, dividiéndose el núcleo en primer lugar. A partir de la década de 1870
se realizaron unos cuantos progresos técnicos en el microscopio (objetivos de
inmersión, iluminación), y enel desarrollo de
tinciones selectivas, que permitieron observar más minuciosamente los procesos
que tienen lugar en la reproducción asexual de las células, así como en la
unión de las células sexuales. Hertwig (1842-1922) en
Berlín, Fol (1845-92) en Ginebra, en animales y Strasburger (1844-1912) en Bonn
trabajando con plantas, descubrieron que la reproducción sexual entrañaba la
unión de los núcleos de las células macho y hembra, por lo que Hertwig y Strasburger sugirieron
en 1884 que el núcleo de la célula constituía la base física de la herencia.
Las
nuevas técnicas mostraron que en el núcleo ordinario de la célula en reposo
había una fina malla de material que Fleming
(1843-1915) de Kiel denominó en 1879 cromatina, dado
que se teñía profundamente con los tintes de anilina básicos. Fleming estudió el mecanismo de la división celular,
describiendo dicho proceso en células animales, que el denominó Mitosis (del
griego “Mitos”, filamento).
En el
caso de la unión entre dos células sexuales, se descubrió que los cromosomas se
comportaban de forma distinta. Van Beneden
(1845-1910) de Lieja, observó en 1887 que en la primera división celular que
llevaba a la formación de un huevo, los cromosomas no se dividían en dos
longitudinalmente como en la división celular asexual, sino que cada par de
cromosomas se separaba para formar dos células, cada una de las cuales
presentaba tan sólo la mitad del número usual de cromosomas. Posteriormente,
ambas células se dividían de nuevo según el proceso asexual ordinario. Van Beneden denominó a este proceso Meiosis (del griego “meioun”, hacer menos). Según este proceso, tanto los óvulos
como los espermatozoides poseían solamente la mitad de los cromosomas
usualmente hallados en las células de los organismos de su especie, si bien
tras la unión de las células sexuales, el número de cromosomas se restablecía,
proviniendo la mitad del padre y la otra de la madre. En 1894 Strasburger mostró que en algunas plantas las células con
la mitad del número usual de cromosomas formaban una generación separada,
descubrimiento que explicó la alternancia de generaciones descubierta por Hofmeister en 1851 en las plantas sin flores. La
descripción por von Baer
(1828-1897) y Kolliker (1834-1919) del espermatozoide
y óvulo como las células únicas que, tras la fecundación dan lugar al embrión,
por la proliferación progresiva del óvulo fecundado, supuso una revolución en
la embriología. Ernst Haeckel
formula en 1866 la ley biogenética fundamental, según la cual la ontogénesis
(desarrollo del embrión) recapitula la filogénesis,
es decir, los estudios evolutivos primitivos de la especie original.
Las
bases de la microbiología se deben fundamentalmente a Louis Pasteur
(1822-1895) y Robert Koch
(1843-1910), quienes descubren el origen microbiano de muchas enfermedades
infecciosas. Entre ambos fueron capaces de identificar los microorganismos
culpables de enfermedades tales como el carbunco, la tuberculosis o incluso el
cólera. Sin embargo, los resultados más deslumbrantes de Pasteur
se basaron en la extensión de la vacunación contra ciertas enfermedades, aunque
su descubridor fuera Edward Jenner,
que descubrió la vacunación de la viruela mediante la transmisión de una
enfermedad de las vacas (“cowpox”) que inmunizaba
contra la viruela humana. Además, Pasteur demostró de
forma muy elegante la no existencia de la generación espontánea y desarrolló
todas las técnicas de esterilización así como procesos que llevan su nombre
pasteurización y que se siguen utilizando en la producción de la leche, vino,
etc.
Ferdinand
J. Cohn contribuyó significativamente a la fundación
de la ciencia de la Bacteriología, al publicar una clasificación temprana de
las bacterias, usando por primera vez el nombre de género Bacillus.
Cohn también fundó una revista científica en la que Koch publicará en 1876 su artículo sobre el origen
bacteriano de la enfermedad del ántrax. En la historia de la bacteriología,
durante el siglo XIX destacan otros muchos investigadores, entre los que
podemos citar a Joseph Lister quien en 1878 publica
su estudio sobre la fermentación de la leche y desarrolla el primer método para
aislar un cultivo puro de una bacteria que él denominó Bacterium
lactis; a Ilya Ulich Metchnikoff quien en 1882
postula la Teoría de la Inmunidad Celular; a Paul Ehrlich quien en 1891 descubre que los anticuerpos son los
responsables de la inmunidad. En 1887 los agrónomos alemanes Hellriegel y Wilfarth confirman
la observación del botánico ruso Woronin de que las
leguminosas podían crecer en suelos pobres en nitrógeno gracias a las bacterias
presentes en las nudosidades de sus raíces. Poco después Beijerinck
logró cultivar in vitro
las bacterias de esos nódulos que recibió el nombre de Rhizobium leguminosarum. Estos hechos unidos a los
aportados por Winogradsky con el descubrimiento de
las bacterias quimiosintéticas nitrificadoras en las
que distingue las formas nitrosas y nítricas, tienden a ir configurando la
comprensión del ciclo biogeoquímico del nitrógeno en la naturaleza. En 1892, Dmitri Ivanowski y posteriormente, en 1899, Martinus
Beijerinck descubren agentes patógenos filtrables
(los virus); el primero de ellos, el virus del mosaico del tabaco que será
posteriormente cristalizado por Wendell Stanley en 1935 quien demostró que, cristalizado, seguía
siendo infeccioso; aunque no llegó a determinar si el material infeccioso era
el ácido nucleico o la proteína.
En
el primer tercio de siglo, el descubrimiento de la síntesis química de la urea
por Wöhler (1800-1882), marca el nacimiento de la
Bioquímica. Se acepta que las leyes físico-químicas también pueden ser
aplicadas a los seres vivos y comienza una fructífera etapa de análisis sobre
su composición química. En este sentido, hay que destacar los trabajos de Miescher (1844-1895), que consiguió el aislamiento de la
sustancia contenida en los núcleos, a la que denominó nucleína. Esta sustancia
contenía una importante cantidad de fósforo ligado y posteriormente se vería
que sus características eran similares a las de la cromatina descrita por Fleming. Todavía no se conocía el papel primordial de esta
sustancia como portadora de los caracteres hereditarios.
Del
nacimiento de la Bioquímica se beneficia notablemente la Fisiología. Ya en la
primera mitad del s. XIX Magendie (1783-1855)
reacciona enérgicamente contra las concepciones vitalistas y sitúa de modo
definitivo la Fisiología en el terreno experimental, buscando la explicación de
los hechos fisiológicos en los agentes físicos y químicos. Merecen ser
destacadas sus investigaciones sobre las funciones de los nervios raquídeos,
demostrando que la raíz anterior tiene función motriz y la posterior sensitiva.
Su discípulo, Claude Bernard
(1813-1879), estudia y renueva toda la Fisiología. Sus primeros estudios se
centran en la fisiología de la digestión; estudió los jugos gástricos, la
saliva, el jugo pancreático y su papel en la digestión, siendo ésta la primera
secreción interna conocida. Posteriormente demostró que la glucosa pasa de la
sangre a los tejidos y estableció la función glucogénica del hígado. Formula
por primera vez la noción de medio interno o medio ambiente fisiológico de cada
ser vivo (1878), donde la regulación se hace a la vez por el sistema nervioso,
las glándulas endocrinas y los fenómenos físico-químicos internos. Discípulos
de Bernard, Bert
(1833-1886) y Brown Sequard
(1817-1894) realizaron detallados estudios sobre la fisiología de la
respiración y la fisiología nerviosa (nervios motores, movimiento reflejo) y la
endocrinología, respectivamente.
Por
su parte, de Saussure (1767-1845) puede ser
considerado el fundador de la moderna Fisiología Vegetal. Combina los
conocimientos de la química con la experimentación meticulosa y con una
cuidadosa interpretación de los resultados obtenidos. Confirma la hipótesis de Ingenshousz, al demostrar que durante la fotosíntesis se
intercambian volúmenes iguales de CO2 y O2 y que la
planta retiene el carbono.
La Ecología, aunque presente en los escritos de clásicos cómo Hipócrates,
Aristóteles y otros filósofos de la época, no se ve definida hasta la segunda
mitad del siglo XIX en que Haeckel (1834-1919) acuña
el término “Ecología”, definiéndola como el estudio de las relaciones de un
organismo con su medio ambiente orgánico e inorgánico, en particular las
relaciones con las plantas y animales con los que convive. Aunque previamente
existiesen aportaciones en este campo, algunas de hecho muy importantes como la
idea de cadena trófica, definida por Leeuwenhoek, a
principios del siglo XVIII, el viaje del Challenger
entre 1872 y 1876 supone un espaldarazo definitivo al desarrollo de esta nueva
disciplina, ya que participaron en la expedición botánicos, zoólogos,
fisiólogos, químicos y geólogos, contribuyendo a una visión multidisciplinar
del medio acuático. Con esta perspectiva, Hensen
realiza en 1880 un balance de producción a través de un estudio del plancton y Forbes publica en 1887 “The Lake as a Microcosm”.
Las ideas sobre el origen de la vida comienzan a esbozarse de manera
científica en este siglo, fundamentalmente después de la síntesis química de la
urea por Wöhler, abriéndose una dialéctica entre los
descubrimientos de Pasteur, sobre la inexistencia de
la generación espontánea y la posibilidad de un origen de la vida meramente
químico. Ya en el siglo XX, con la aparición de las teorías de Oparin sobre el origen de la vida en 1924, se inicia la
visión actualmente existente sobre la comprensión de este proceso y se sientan
las bases de la evolución prebiológica, que intenta explicar
el paso progresivo de la materia a la vida, continuada por muchos
investigadores, como Miller, Haldane,
Fox, Oró, etc.
Como vemos, a finales del siglo XIX las grandes líneas maestras de la
teoría biológica han quedado establecidas. Mientras, había biólogos
especulativos que desarrollaban teorías de la herencia que postulaban que los
materiales genéticos de los organismos deberían presentar los fenómenos
mostrados por los cromosomas durante la formación de las células sexuales.
Siguiendo las teorías del botánico Carl Nageli (1817-91); August Weismann (1834-1914), un
profesor de zoología de Friburgo, publicó un “Ensayo
sobre la Herencia y Cuestiones biológicas emparentadas” en el que estableció
una distinción tajante entre lo que denominaba germoplasma,
responsable de la transmisión de los caracteres hereditarios, esto es el
idioplasma de Nageli, y el soma o plasma corporal.
Señalaba que las criaturas unicelulares simples se propagaban asexualmente
dividiéndose en dos, con lo que resultaban inmortales. En los animales
superiores el cuerpo es mortal, siendo sólo inmortal el germoplasma
que pasa de una generación a otra. Weismann postuló
en 1887 que, a fin de evitar la duplicidad de las unidades del germoplasma con cada generación sexual, antes de la unión
sexual, el germoplasma tanto del macho como de la
hembra se dividía en dos, de manera que el germoplasma
de la descendencia se formaba mediante la unión de un medio de cada progenitor.
Una vez dilucidada la conducta de los cromosomas durante la formación del óvulo
y el espermatozoide; Weismann procedió a identificar
el germoplasma con los cromosomas, sugiriendo que
estos últimos se dividían longitudinalmente para formar unidades.
Otra de las especulaciones de Nageli, su idea de que existía una fuerza interna en el germoplasma de los organismos que daba lugar a mutaciones
notables y repentinas, fue tomada por de Vries
(1848-1935) en Amsterdam, a fin de acomodar la
historia de la evolución orgánica a la brevedad de las estimaciones de la edad
de la tierra hechas por físicos como Kelvin. A partir de 1885, de Vries empezó a buscar tales cambios por mutación en los
organismos, hallándolos en una colonia salvaje de la onagra americana. Entrando
en el siglo XX, Bateson (1861-1926) en Inglaterra y Johannsen (1857-1927) en Dinamarca buscaban también
mutaciones. Johannsen, quien acuñó el nombre de
“genes”, crió alubias autofertilizadas, obteniendo
estirpes puras que producían siempre semillas con el mismo peso medio pero en
un caso dio con una mutación: el peso medio de las semillas variaba
espontáneamente, conservándose este cambio en las generaciones sucesivas. En este
momento, de Vries, Correns
y Tschermak examinaron los trabajos anteriores sobre
el tema de la herencia y mutación, encontrándolo en lo publicado por Gregor Mendel en 1866 y 1869.
Mendel
(1822-1884), un fraile de Brno, realizó una serie de
experimentos que llevarían a una nueva comprensión del mecanismo de la
herencia. Su gran contribución fue demostrar que las características
hereditarias son llevadas en unidades discretas que se reparten por separado
(se redistribuyen) en cada generación. Estas unidades discretas que Mendel llamó “elemente”,
finalmente fueron conocidas como “genes” (término acuñado por Johannsen en 1903). Mendel escogió el guisante común, Pisum sativum,
planta fácil de cultivar y de crecimiento rápido. Las distintas variedades de
plantas tienen características cuyas variantes son claramente diferentes y
constituyen líneas que se reproducen puras (homocigotas),
reapareciendo sin cambios de una generación a la siguiente. Como dijo Mendel en su trabajo original, "El valor y la utilidad
de cualquier experimento dependen de la elección del material adecuado al
propósito para el cual se lo usa".
De hecho, planeó sus experimentos con cuidado, eligiendo para su estudio
solamente características hereditarias con variantes bien definidas y mensurables.
No sólo estudió la progenie de la primera generación, sino también de la
segunda y de las subsiguientes. Contó los descendientes y luego analizó los
resultados matemáticamente. Aunque su matemática era simple, la idea de que un
problema biológico podía estudiarse cuantitativamente fue sorprendentemente
nueva. Finalmente, organizó los datos de tal manera que sus resultados pudieran
ser evaluados en forma simple y objetiva. Los experimentos mismos fueron
descritos con tanta claridad que pudieron ser repetidos y controlados por otros
científicos. Pero, efectivamente, Mendel eligió ¡con
inteligencia! “el material, adecuado al propósito para el cual se lo usa”,
eludiendo el análisis de los caracteres que no se transmitían de forma
claramente mesurable y que no se ajustaban a su formulación matemática y que, a
la vista de los conocimientos actuales, han resultado ser la mayoría, siendo
pocos los transmitidos por herencia mendeliana. Aún así, Mendel
sigue siendo considerado el padre de la Genética, término propuesto por Bateson en el transcurso de la “Conference
on Hybridization and Plant Breeding”
(Londres, 1906) para referirse a la actividad que allí les reunía y que él
definió como “la ciencia que estudia la herencia y la variación en los seres
vivos”.
A
principios del s. XX las grandes líneas maestras de la teoría biológica habían
quedado establecidas; a partir de entonces, el desarrollo de la Biología va a
depender más del avance en los procedimientos analíticos que de las grandes
innovaciones teóricas. Durante este siglo tienen lugar importantes
descubrimientos y el entendimiento de muchos fenómenos biológicos desciende al nivel
subcelular y molecular. Por otra parte, la obtención de abundante información y
el alto grado de especialización dan lugar a una subdivisión progresiva en
áreas de estudio, definidas por el objeto de atención y por la metodología
experimental.
El
desarrollo tecnológico supone un fuerte impulso al estudio de la célula,
destacando el microscopio de contraste de fases (Zernicke,
1932) que permite observar células vivas sin teñir, el desarrollo de las
técnicas de autorradiografía por Lacasagne
(1924) y de inmunofluorescencia por Coons (1941) o la construcción del primer microscopio
electrónico por Ruska (1930) y la puesta a punto de
las diversas técnicas de preparación de muestras para microscopía,
a partir de los años cincuenta. Paralelamente al descubrimiento del microscopio
electrónico, tiene lugar el desarrollo de las técnicas de fraccionamiento
celular, permitiendo la separación de los distintos orgánulos por ultracentrifugación diferencial de homogeneizados,
obteniéndolos en cantidades suficientes para su análisis bioquímico y
estructural. Así, el citoplasma atrae la atención de investigadores como Claude, Porter, Palade y de Duve, y tiene lugar
el aislamiento y caracterización química de mitocondrias, retículo endoplásmico, ribosomas
y lisosomas. En los años sesenta Sabatini y Blobel estudian la regulación del tráfico y destino de las
proteínas dentro de la célula eucariota.
A partir de los años veinte se
establece la importancia de las enzimas, contribuyendo a ello Warburg (1923) con el descubrimiento de las enzimas
respiratorias. Del estudio de las reacciones aisladas se pasó a la
investigación de las vías metabólicas celulares. En 1932, Krebs
el ciclo del ácido cítrico. Inicialmente, los trabajos realizados en
enzimología y metabolismo se efectuaban con independencia de la estructura
celular, pero a partir de los años cuarenta-cincuenta empezaron a desarrollarse
técnicas de histoquímica enzimática, debidas a Lison, Glick, Gomori
y Pearse. También se comienzan a utilizar los
isótopos radiactivos para el estudio de las rutas metabólicas y procesos
biológicos. Así, Kennedy y Lehninger sitúan el ciclo
de Krebs dentro de la mitocondria en los eucariotas. En 1950, Lynen
describe la ruta de oxidación de los ácidos grasos. El empleo de isótopos
radiactivos permitió al grupo de Calvin dilucidar las
reacciones implicadas en la fotosíntesis. Arnon
demuestra que el ATP se genera a partir del ADP y el Pi
durante la transferencia electrónica fotosintética en cloroplastos de espinaca
iluminados. En los sesenta Mitchell postula la
hipótesis quimiosmótica sobre la transducción de
energía en los seres vivos. Durante este periodo, se elucidan las etapas de
síntesis y degradación de la mayoría de los compuestos biológicos, gracias a la
contribución de equipos dirigidos por Krebs, Ochoa, Kornberg, Lynen, Khorana, Niremberg, Lipman, etc.
Por
otra parte, también tiene lugar el desarrollo de técnicas de separación
molecular para la determinación de la composición de distintas fracciones
celulares; en 1906 Tswett utiliza por vez primera la
cromatografía para separar pigmentos vegetales; la electroforesis es
introducida en 1933, permitiendo la separación de proteínas en solución. Asimismo, los métodos de análisis cristalográfico
basados en la difracción de rayos X, desarrollados por von
Laue, W.L. Bragg y W.H. Bragg
(1912), contribuyen decisivamente al estudio de la estructura de las biomoléculas, especialmente de las proteínas y los ácidos
nucleicos y conduce a que Michel en 1985 describa,
por primera vez, la estructura del centro de reacción fotosintético de Rhodopseudomonas viridis.
Starling, en 1902, proporciona la primera prueba sobre la
existencia de las hormonas, al comprobar la secreción de jugo pancreático por
estimulación de la mucosa intestinal con unas gotas de ácido clorhídrico,
habiendo previamente denervado el intestino, lo que
le hizo pensar en la existencia de un mensajero químico, que aisló y denominó
secretina. Posteriormente, fueron encontrándose otros mensajeros químicos que Hardy denominó colectivamente hormonas (del griego "hormaein", excitar). La primera prueba de la
existencia de hormonas en los vegetales con capacidad para estimular su crecimiento
fue propuesta por Darwin en sus estudios de fototropismo del coleóptilo del alpiste.
Posteriormente Went en 1928 aisló la auxina
(del griego aux: crecer) como la sustancia
fototrópica responsable del crecimiento de los coleóptilos.
El
sistema nervioso era ya conocido con cierto detalle, tanto en sus aspectos
estructurales como funcionales. En 1906, Sherrington
publica "The integrative
action of the Nervous System"
basada en sus estudios sobre el arco reflejo, donde elabora el concepto de la
acción integradora del sistema nervioso central. En 1907, Harrison consigue cultivar fragmentos de médula espinal de
anfibio y comprobar así el crecimiento de los axones. Estos experimentos serían
el punto de partida para las técnicas de cultivos celulares, que permiten
simplificar y controlar rigurosamente las condiciones experimentales en el
estudio del funcionamiento celular.
Ramón y Cajal
había demostrado que las neuronas eran células individualizadas, Parecía lógico
pues, pensar que el impulso nervioso fuese transmitido por una sustancia
liberada en el extremo de la terminación nerviosa. En 1920, Loewi
comprobó que la estimulación del nervio vago de un corazón, libera al medio una
sustancia capaz de producir, sobre otro corazón, los mismos efectos que la
estimulación vagal. Esta sustancia fue identificada
posteriormente como acetilcolina. Estos descubrimientos, junto con los estudios
de Hodgkin, Huxley y Katz sobre los cambios de potencial eléctrico celular,
constituyen el fundamento de la Neurobiología.
La historia de la bacteriología en
el siglo XX comienza con el descubrimiento, basado en los trabajos de Reed en 1900, de que la causa de la fiebre amarilla es un
virus filtrable transmitido por mosquitos, siendo esta la primera vez que se
describe que un virus causa una enfermedad humana. En esta misma línea de
trabajo, Peyton Rous
descubre en 1911 que un virus puede causar cáncer. En 1915, Fredrick
Twort descubre el primer bacteriófago término acuñado
por d´Herrelle en 1917. En 1928, Griffith
descubre el fenómeno de la transformación en bacterias, estableciendo la
fundación de lo que conocemos como Genética Molecular. En 1929, Fleming publica el primer artículo describiendo la
penicilina y su efecto en microorganismos gram
positivos. Cuando la penicilina puede producirse en grandes cantidades en los
años cuarenta, nace la “era de los antibióticos”. En 1931, Van Niel muestra que las bacterias fotosintéticas usan
compuestos reducidos como donadores de
electrones sin producir oxígeno; él postula que las plantas usan agua como
fuente de electrones y por eso, liberan oxígeno. A partir de los años cuarenta,
la bacteriología va a ser fundamental para, por una parte, probar que el ADN,
no las proteínas, es el material genético celular y, por otra parte, para abrir
el camino hacia las tecnologías de ADN recombinante y
hacia la era de la genómica que comienza con la
secuenciación en 1995 de dos genomas bacterianos.
A principios del siglo XX, el
conocimiento básico de la estructura celular permitió establecer las bases citológicas de los fenómenos hereditarios al comenzar a
interpretarse los datos de la genética por medio del comportamiento de los
cromosomas. Thomas
Morgan, psicólogo y científico americano, y sus
colaboradores dieron a conocer sus trabajos sobre la teoría cromosómica de la
herencia, donde señalaron como se establece la ubicación de los
genes o factores hereditarios en los cromosomas y sus relaciones recíprocas. Morgan eligió a la mosca de la fruta, Drosophila
melanogaster, como su organismo experimental;
resultando ser una herramienta muy adecuada para los estudios de genética
animal. Varios colaboradores de Morgan hicieron
descubrimientos esenciales en la historia de la Genética; así, Bridges colaboró con él en el descubrimiento de la herencia
ligada al sexo y descubrió el fenómeno de la disyunción de los cromosomas
durante la meiosis, Sturtevant desarrolló la teoría
del ligamiento genético y sus contribuciones y las de Plough
en 1917 sobre el cruzamiento cromosómico permitió elaborar los primeros mapas
cromosómicos y Muller, otro de sus seguidores, se
distinguió por sus estudios sobre las mutaciones. El sobrecruzamiento y
reordenación de los cromosomas contribuyó a explicar la mezcla de
constituciones genéticas en una especie. Un conjunto de características asociadas a un único cromosoma en un
progenitor podría distribuirse en dos en la generación inmediata, separándose y
difundiéndose más aún en las generaciones siguientes. Características nuevas
podrían aparecer por el surgimiento de un nuevo gen por mutación o por una
nueva combinación de genes existentes, así como por cambios cromosómicos
internos, como la desaparición, duplicación, transposición e inversión de
partes o los cambios que entrañaban conjuntos enteros de cromosomas. De este
modo, la selección natural disponía de una gran variabilidad sobre la que
operar seleccionando las combinaciones favorables. De esta forma, se introdujo
a la genética mendeliana en la teoría darwinista de
la evolución orgánica. La combinación entre ambas se conoce como la síntesis neodarwiniana o Teoría Sintética de la Evolución formulada
entre otros por el paleontólogo George Gaylord Simpson, el ornitólogo Ernst Mayr y el Botánico Leyard Stebbins y está
considerada como la teoría evolucionista “oficialmente” válida.
A principios de los años cuarenta, si bien la
Genética mendeliana era ampliamente aceptada, su elemento fundamental, el gen,
era todavía una entidad puramente funcional sin un sustrato material definido,
aparte del hecho de formar parte de los cromosomas. Los experimentos de Griffith en 1928, y de Avery, McLeod y McCarthy en 1944 con Pneumococcus y, finalmente, los de Hershey y Chase en 1951 con
bacteriófagos T2 demuestran, sin lugar a dudas, que el ADN es el
material genético de las células, dando lugar al nacimiento de la Genética
Molecular. Este hecho constituyó un cambio brusco en la corriente de
pensamiento de aquella época, en la que se asignaba al ácido
desoxirribonucleico un papel meramente estructural. Poco después, Watson y Crick (1953) desarrollan
un modelo de estructura del ADN de doble hélice, basado en los análisis estequiométricos de las bases de Chargaff
y en los diagramas de difracción de rayos X de Wilkins
y Franklin. El modelo de doble hélice sugiere inmediatamente el mecanismo de
duplicación, requerido para la conservación del material genético. Este
mecanismo semiconservativo es elegantemente
demostrado por Meselson y Stahl
en 1958.
Revelada
en líneas generales la estructura del material genético, se dirigió el estudio
al conocimiento de cómo se producía la acción del gen, es decir, la
determinación del carácter fenotípico. En 1909 Garod
descubre la relación entre un defecto genético y una anomalía bioquímica, al
observar que la alcaptonuria venía provocada por una
mutación recesiva que se hereda de acuerdo con las leyes de la herencia
mendeliana. En 1940, como consecuencia de sus estudios con mutantes auxotróficos de Neurospora
crassa, Beadle y Tatum postulan su hipótesis de "un gen-una
enzima". Establecida esta relación, era necesario conocer los mecanismos a
través de los cuales el ADN especifica la secuencia de aminoácidos de una proteína . Crick postula en 1958
la existencia del ARN de transferencia que, con el descubrimiento en 1961 del
ARN mensajero, constituyen las piezas clave de los mecanismos de expresión
génica. Se emprende una de las carreras más apasionantes de la historia de la
Biología: el desciframiento del código genético, llevada a cabo por los grupos
de Nieremberg, Ochoa y Khorana.
A principios de los años sesenta, se
conocía el esquema básico de los mecanismos de almacenamiento, transmisión y
expresión de la información genética. A partir de aquí, todo transcurre a
velocidad de vértigo:
En
1961, como resultado del extenso trabajo realizado sobre la inducción enzimática en Escherichia
coli, Jacob, Monod y Lwoff formulan un modelo de regulación de la transcripción
génica: el modelo del operón, donde unos genes pueden regular la actividad de
otros genes y da una explicación en términos moleculares de la adaptación del
metabolismo bacteriano a los cambios ambientales. A principios de los setenta
comienza el auge del estudio de sistemas eucarióticos.
En
1965, Arber descubre las nucleasas
de restricción, que protegen a las bacterias de ADNs
invasores. Se consideraron en principio como una curiosidad científica, y hoy
son las principales herramientas de manipulación del material genético. Este
descubrimiento, junto con el desarrollo de las técnicas de secuenciación de ADN
y la enzimología de los ácidos nucleicos, se puede considerar como el punto de
partida de la Ingeniería Genética. Fragmentos de restricción procedentes de
distintos ADNs pueden unirse covalentemente
e insertarse en un vector que es introducido en el interior de bacterias, y de
esta manera pueden ser eficientemente expresados. En la década de los 80 Mullis desarrolla la reacción en cadena de la polimerasa, conocida como PCR, que permite fabricar un
número ilimitado de copias de un fragmento concreto de ADN. Esta técnica ha
contribuido al desarrollo de los estudios poblacionales y evolutivos y a la
secuenciación de genomas completos y con ello, al nacimiento de la genómica.
La idea de que cromosomas rigen los procesos de desarrollo de los
organismos, más bien que sus características adultas, unió a la genética y la embriología.
Hasta ese momento ambas ciencias se habían mantenido aparte, pues los factores
que regían el desarrollo del organismo individual descubiertos por los
embriólogos residían en el material celular externo al núcleo del huevo
fertilizado, en el citoplasma y no en los cromosomas del núcleo, tal como
defendían los genetistas. Algunos embriólogos, especialmente Boveri, Loeb y Jenkinson, llegaron a sugerir a partir de 1917 que los
caracteres principales de un organismo, determinantes del philum,
la clase, el orden, el género y quizá la especie a la que pertenecía, estaban
regidos por factores del citoplasma del huevo fertilizado, mientras que los
factores del núcleo sólo determinaban los caracteres de las variedades, como la
altura de los guisantes de Mendel. Dicho punto de
vista se fue abandonando cuando la embriología pasó de ser más experimental; Roux (1850-1924) fue pionero en dicha experimentación; sus
resultados junto a los de Hertwig, Driesch y otros sugirieron a los genetistas americanos Morgan, Bridges y Sturtevant que el citoplasma de los huevos estaba
controlado por los genes de los cromosomas del núcleo, siendo el citoplasma de
escasa importancia para la herencia o para la evolución de las especies. En la
actualidad, sabemos que en las células eucarióticas existe una herencia
citoplasmática ubicada, al menos, en los orgánulos energéticos: mitocondrias y
cloroplastos que contienen su propio ADN.
Más tarde se comprendió que el entendimiento de la embriología pasa por la
comprensión de los fenómenos de diferenciación celular. Las divisiones por
segmentación en sí mismas, no conducen a un programa de desarrollo; cuya
verdadera esencia está, en cambio, el proceso de diferenciación celular. Hoy en
día sabemos que el desarrollo de un zigoto para dar lugar a un animal o una
planta multicelular, con variedad de tejidos y tipos celulares, comportan
grandes cambios coordinados en la expresión del genoma de un organismo. Durante
el desarrollo temprano se expresan más genes que en cualquier otra fase del ciclo
de vida. La Biología del Desarrollo se configura como una de las disciplinas
más relevantes del momento actual de la Biología. Lewis
fue el pionero, en los años cuarenta, de esta disciplina al descubrir los genes
hox en Drosophila
melanogaster. Cada uno de los genes hox especifica el desarrollo de una parte del cuerpo
de atrás hacia delante. El orden de los genes en los cromosomas y el orden de
las partes del cuerpo es el mismo. Las mutaciones en genes hox
transforman un segmento en otro, produciendo, por ejemplo, una mosca con
cuatro alas en vez de dos. En los años ochenta, Christiane
Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus, en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular
pudieron identificar y clasificar otros muchos genes que también afectan al
plan general del embrión de la mosca y a la forma como se divide en segmentos.
Con el desarrollo de técnicas moleculares cada vez más precisas, se ha
encontrado que los genes hox y los
descubiertos posteriormente estaban presentes en un número creciente de
animales, incluido el hombre: las similitudes en la embriogénesis
temprana en diferentes grupos de organismos, podrían indicar que el programa
genético de desarrollo es ancestral; en este sentido se ha propuesto que la
explosión del Cámbrico podría deberse a la aparición
de los genes hox. El equipo de J.
Carlos Izpisúa del Instituto Salk
ha descubierto recientemente dos familias de genes: Wnt
y FGF que controlan la regeneración de las extremidades en el axolote mejicano. Este descubrimiento puede tener una
importancia capital en la regeneración de miembros e incluso órganos humanos.
Por lo tanto, el conocimiento del mecanismo básico del desarrollo puede
permitir esclarecer muchas vías de evolución y comprender como en la era de la genómica, sutiles cambios en expresión génica pueden estar
en el origen de la gran diversidad de
organismos.
Durante
el siglo XX, la joven Ecología se desarrolla como ciencia de síntesis, que
combina materiales de distintas disciplinas con puntos de vista propios. Lotka, en 1925, es el primero en tratar poblaciones y
comunidades como sistemas termodinámicos. También muestra cómo el
comportamiento de estos sistemas puede ser descrito matemáticamente en términos
de interacciones entre sus componentes. En 1927 Eldon
desarrolla el concepto de nicho y de pirámides ecológicas, y estudia las
relaciones alimentarias. Bajo esta perspectiva, el
funcionamiento de los ecosistemas se describe como movimiento y
transformaciones de materia y energía. Lindeman en
1942 detalla el flujo de energía, incidiendo en la idea de los ecosistemas como
sistemas transformadores de energía e introduciendo la noción de eficiencia
ecológica. La Ecología energética es posteriormente desarrollada por Odum y Oving. Por otra parte, la
Ecología de sistemas, basada en las ideas de Lotka,
se desarrolla con la introducción de la Teoría de la Información de Margalef y la Teoría de Juegos apoyada por los avances de
la informática.
Surgen
nuevas áreas de conocimiento, como la Etología, que estudia el
comportamiento animal. Desde la segunda mitad del siglo, los evolucionistas sitemáticos mantienen que las pautas de comportamiento son
producto de la selección natural y podrían utilizarse con finalidad filogenética, de la misma forma que los parámetros
morfológicos o bioquímicos. En 1973 y, por primera vez, especialistas de esta
rama del saber biológico, K. Von Frisch,
K.Lorenz y N. Kimbergen, recibían
el premio Nobel de medicina y fisiología por sus
trabajos.
Varios frentes o líneas maestras de investigación,
que pueden incluso cambiar nuestra visión actual sobre el mundo, están ahora
mismos abiertos.
Actualmente,
la secuenciación y anotación de más de cien genomas es una fuente inagotable de
datos que junto con el desarrollo de herramientas bioinformáticas, de las micromatrices de ADN y de la proteómica
permite abordar el estudio de los seres vivos en toda su complejidad escapando
al enfoque reduccionista. Este enfoque reduccionista, a pesar de haber sido uno de los motores más
potentes de la investigación en Biología hasta el momento, siempre tiene la
limitación de alterar el sistema viviente de estudio y, por lo tanto,
interfiere con la explicación del proceso estudiado. El nuevo abordaje va a
permitir comprender como las partes de las células y de los organismos están
integradas funcionalmente. Así, la
anotación de los genomas ha revelado que a un porcentaje relativamente elevado,
que varía según las peculiaridades de la especie, de los genes secuenciados no
se les puede asignar “a priori” una función basándose en homologías de
secuencias existentes en las bases de datos o en estudios bioquímicos previos.
Por lo tanto, se abre un campo de estudios muy amplio que va a llevar todavía
mucho tiempo, que podríamos denominar era postgenómica
en la que entender la función de los genes y su regulación va a ser fundamental
para entender la complejidad celular. La genómica
funcional y sobre todo la proteómica están
permitiendo estudiar patrones de expresión de familias completas de genes y
permitirá estudiar, en un futuro próximo, dichos patrones incluso del genoma
entero en distintas circunstancias; así como identificar y determinar la
función de todas las proteínas en una célula. Se podrán, además, estudiar las
interacciones proteína-proteína, lo que permitirá crear un mapa celular de
dichas interacciones que puede tener un valor fundamental para entender el
funcionamiento celular y sin duda, dará lugar a una nueva Teoría Celular en la
que todos sus elementos estén integrados y en la que las rutas y redes
informativas permitan obtener modelos reales de la estructura y funcionamiento
celular. La combinación de los
conocimientos adquiridos en genómica y proteómica y el desarrollo espectacular de la
bioinformática está permitiendo la elaboración de modelos de rutas metabólicas
completas (metabolómica) e incluso modelos celulares.
Estos modelos, además de la investigación básica que permitirá la integración
de todo el metabolismo celular, presentan un enorme interés biomédico,
especialmente para el desarrollo de nuevos fármacos.
Con
tantos datos es deseable que, en las próximas décadas, se avance en los
distintos temas de investigación, como el estudio de los mecanismos de control
y regulación del crecimiento y división celular, las bases moleculares que
determinan la invasión y metástasis por células transformadas o las
implicaciones que pueda tener en estos procesos el sistema inmune. Especialmente,
los estudios de los mecanismos de control y diferenciación celular durante el
desarrollo embrionario deben llevar a la Biología del Desarrollo y la
Evolución, valga la redundancia, a vivir un periodo de amplia revisión que nos
permita acercarnos definitivamente a la base de los mismos. En este sentido, la genómica funcional y
la proteómica pueden ofrecer claves importantes en el
estudio de los mecanismos de diferenciación de los distintos organismos. Muchos
biólogos del desarrollo opinan que el que, finalmente, se desarrolle un tipo de
organismo u otro podría deberse a cambios sutiles en la expresión génica.
Sorprendentemente, la secuenciación de genomas parece indicar, a priori, que el número de genes per se y por lo tanto la cantidad
bruta de información no parece estar muy relacionado con los niveles de
complejidad encontrados en los organismos, sobre todo si consideramos que en el
genoma humano el 45% del ADN corresponde a secuencias repetidas y podría
pensarse que quizá cambios de expresión génica podrían ser los
responsables de los distintos patrones
de desarrollo.
En cuanto al tema evolutivo, los
estudios genómicos aportan una valiosa información
sobre filogenia de las especies. Así la secuenciación de genomas de procariotas poco relacionados a priori como pueden ser las bacterias y arqueobacterias,
ha demostrado que en determinados ambientes ha habido episodios de
transferencia horizontal entre ambos tipos de procariotas
y pueden compartir porcentajes significativos de genes. También se han
encontrado genes bacterianos, además de secuencias víricas y secuencias de
inserción en el recién publicado borrador del genoma humano cuya función se
desconoce; algunos científicos creen que algunas de esas secuencias de
inserción, las denominadas alu pueden ser una fuente esencial de variabilidad
evolutiva. La secuenciación completa del genoma de muchos organismos está
permitiendo dilucidar cómo se relacionan evolutivamente grupos específicos de
organismos; así Radhey S. Gupta
ha sugerido recientemente, basándose en secuencias específicas de ADN que él
denomina “firmas de ADN”, que todos los procariotas
(bacterias y arqueobacterias) podrían descender de un
antepasado común que serían bacterias gram-positivas,
por lo que los procariotas estarían relacionados unos
con otros linealmente y la idea de los tres dominios (Bacteria, Arquea y Eucaria) inspirada por los resultados de Carl Woese, obtenidos en los años
setenta, de secuenciación de ARNr 16S puede no ser
del todo real. Asimismo, el mismo tipo de metodología ha llevado a Gupta a proponer que la célula eucariótica ancestral fue
una quimera formada por la fusión e integración de los genomas de una arqueobacteria y una bacteria y que esta fusión primaria
fue un suceso único en la evolución de la vida en la tierra.
Los resultados de Gupta apoyarían la Teoría Endosimbiótica
de la evolución postulada por Mereschkowsky y
posteriormente por Lyn Margulis,
que también atribuye el origen de las mitocondrias y cloroplastos a bacterias
que establecieron una simbiosis con el eucariota ancestral; en la actualidad,
los estudios comparados de los genomas de los orgánulos y genomas bacterianos
han proporcionado pruebas convincentes sobre el origen simbiótico de
mitocondrias y cloroplastos. Frente a la Teoría Darwinista
de la evolución que postula que la evolución sucede de forma gradual y continua
gracias a la presión que la selección natural ejerce sobre pequeñas variaciones
genéticas, se encuentra la Teoría Endosimbiótica que
habla de cooperación entre especies, de relaciones simbióticas que se heredan
como motor de la evolución; en particular, la endosimbiosis
explicaría innovaciones macroevolutivas como la
génesis de la célula eucariótica o el origen de las plantas.
Por tanto, en los comienzos del siglo XXI, la Biología entra
en uno de sus momentos más emocionantes. En estos momentos se
dispone de un gran bagaje de conocimientos y de una sofisticada metodología,
continuamente renovada, y es estimulante saber que, si bien nos encontramos
ante un futuro lleno de incógnitas por resolver, este ofrece una perspectiva
optimista, siempre que se tenga una visión crítica y “aséptica” de los
conocimientos adquiridos hasta el momento.
También
el campo de la Biología Aplicada ofrece un abanico enorme de posibilidades aún
a medio abrir.
La secuenciación y anotación de
genomas junto con todas las tecnologías que lo acompañan como la construcción
de biochips puede revolucionar la medicina, con el nacimiento
de la denominada medicina genómica donde se buscarán
tratamientos personalizados a las enfermedades que padezcamos que puedan tener
un componente genético. Será probablemente una medicina cara y al alcance de
unos pocos privilegiados. Dentro de la medicina genómica,
la terapia génica, que hasta el momento ha cosechado más fracasos que éxitos,
también puede tomar un nuevo impulso y ser una opción terapéutica en un futuro
próximo. En muchos casos, la terapia génica ha fallado por que los vectores génicos
no eran los adecuados ya que los utilizados hasta ahora, generalmente basados
en adenovirus, en ocasiones han resultado letales o
no han cubierto su objetivo, por lo que en la actualidad se están intentando
desarrollar nuevos vectores. No obstante, a pesar de los avances que la genómica puede significar en la medicina humana; todavía se
precisa mucha investigación para encontrar tratamiento e incluso erradicar
enfermedades infecciosas que como la malaria o el SIDA están diezmando la
población de muchos países, en particular en África y Asia. El virus que causa
el síndrome de inmunodeficiencia en humanos fue descubierto por el equipo de Luc Montagnier en 1983 y a partir
de esta fecha, se ha avanzado espectacularmente en el conocimiento de la
estructura del virus y existen tratamientos antivirales caros que pueden llevar
a que la enfermedad se haga crónica; sin embargo, probablemente debido a la
alta tasa de mutación del retrovirus, no se ha encontrado una vacuna eficaz. En
el caso de la malaria, tampoco se ha fabricado una vacuna que sea efectiva al
100% ya que el ciclo de vida del parásito es muy complicado y no se conocen
todas las claves. Por otra parte, el descubrimiento de un nuevo agente
infeccioso por Stanley Prusiner
en 1982, que él denominó prión, y que
sorprendentemente, es de naturaleza únicamente proteica ha provocado la alarma tanto entre los científicos como en la
opinión pública ya que los priones parecen ser la
causa de las distintas encefalopatías espongiformes,
un tipo de enfermedad neurodegenerativa mortal que
afecta a muchos mamíferos, incluido el hombre. La “crisis de las vacas locas”
que se inició a finales de los años ochenta en el Reino Unido ha traído consigo
la desagradable sorpresa de que el prión bovino puede
atravesar la barrera de las especies e infectar a los seres humanos.
Otro campo de aplicación que está en plena expansión en la actualidad
y que se beneficia directamente de los avances en genética molecular y en
particular de la secuenciación de genomas es la Biotecnología. Hoy en día
contamos con un número considerable de organismos, tanto procariotas
como eucariotas,
que se pueden manipular genéticamente y en los que se puede sobre
expresar genes que codifican para proteínas de interés industrial, agrícola
medioambiental o terapéutico. Aunque los procariotas
son en la actualidad probablemente los organismos más utilizados en
biotecnología; otros organismos como plantas y animales representan una
alternativa interesante y ya se han desarrollado numerosos organismos eucariotas transgénicos con
aplicación biotecnológica directa. La utilización de plantas transgénicas resistentes a herbicidas, otros pesticidas y
plagas o con propiedades que faciliten su crecimiento en suelos o medios
ambientes poco adecuados o que aceleren su floración y producción de frutos
podría dar lugar a una nueva revolución verde. Las plantas también se pueden
utilizar para la producción de vacunas comestibles que abaratarían en gran
medida el coste de dichas vacunas. Se han desarrollado plantas transgénicas que producen proteínas con aplicación
biomédica como globulinas humanas y anticuerpos. También se están haciendo
esfuerzos importantes para utilizar las plantas como fábricas celulares de
biopolímeros (plásticos biodegradables) y de ácidos grasos de interés
industrial. Las plantas también tienen un papel importante en la
descontaminación in situ de sitios
contaminados por metales pesados; las técnicas de fitorremediación
en las que se utilizan plantas hiperacumuladoras de
metales tanto transgénicas como no modificadas y
dentro de las plantas transgénicas, aquellas que
expresan la mercurio reductasa bacteriana capaces
de volatilizar el mercurio son ya una
alternativa clara a los tratamientos de descontaminación físico-químicos. En el
caso de contaminación por compuestos orgánicos como bifenilos
policlorados o compuestos aromáticos policíclicos, las técnicas de rizorremediación,
en las que bacterias transgénicas capaces de degradar
los xenobióticos colonizan la rizosfera
de plantas adecuadas, también se configuran como una tecnología prometedora
para el tratamiento de vertidos in situ.
Los animales transgénicos
también son una realidad y aunque la mayoría se usa como modelo para estudiar
distintas enfermedades humanas, en el Instituto Roslin
de Edimburgo se están creando animales transgénicos
capaces de producir proteínas de interés terapéutico en la leche. El nacimiento en 1995 de la oveja clónica Dolly, obtenida a partir de una célula mamaria de una oveja
adulta, desató la polémica sobre la posible aplicación futura de la técnica,
que se reveló imperfecta, desarrollada por Ian Wilmut y colaboradores en el Instituto Roslin
de Edimburgo; en particular, la clonación de seres humanos. No obstante, se
está intentado la clonación reproductiva para intentar
salvar especies en peligro de extinción y “resucitar” especies que se han
extinguido recientemente. Existe un tipo de clonación, denominada clonación
terapéutica, ya permitida en España, en la que se crean embriones a partir de
células de adulto pero sólo como fuente de células madre o células totipotentes con un beneficio potencial en la regeneración
y reparación de órganos y tejidos o la curación de enfermedades degenerativas y
que podrían evitar el problema de rechazo que surge con las técnicas de
transplante actuales. No obstante, recientes estudios han demostrado que se
puede obtener células madre adultas de tejidos diferenciados como la médula
ósea en humanos que también son susceptibles de diferenciarse en laboratorio en
muchos tipos de tejidos y que por lo tanto, haría innecesaria la clonación de
embriones o la utilización de embriones desechados de las técnicas de
fecundación in vitro.
A pesar de las
“formidables” perspectivas de la Biotecnología, y, sin entrar en
consideraciones éticas, sino meramente científicas, deberíamos tener un cuidado
exquisito y diseñar controles adecuados, que implican entre otras cosas un
seguimiento de varias generaciones para poder asegurar que no hay riesgos de
alteraciones biológicas propias o vecinas, antes de lanzar tanto transgénico a la naturaleza, de clonar tantas células o
tantos organismos, de lo contrario, los daños ecológicos y de la salud podrían
ser irreparables.
La Astrobiología o Exobiología, que
pretende la búsqueda de vida extraterrestre, aunque es un área en la actualidad
prácticamente inexistente e incluso exótica, es un tipo de estudio necesario y
que, caso de demostrarse la existencia de vida fuera de nuestro planeta, puede
cambiar nuestra percepción actual del universo o por lo menos provocaría que la
Biología dejara de ser considerada una ciencia menor porque se ocupa del
estudio de un fenómeno local: la vida en el planeta Tierra. Los datos de
distintas misiones espaciales no tripuladas en nuestro sistema solar así como
los estudios de meteoritos que han impactado en nuestro planeta nos hacen tener
ciertas esperanzas de que la vida pueda no haber sido un suceso único y
circunscrito a nuestro planeta. El planeta Marte se configura como el más
prometedor candidato a albergar o haber albergado algún tipo de vida,
probablemente de naturaleza muy elemental (tipo procariota).
Algunos científicos claman haber encontrado restos de actividad biológica en
meteoritos provenientes de Marte pero existe mucha polémica al respecto. En la
actualidad como la vida, tal como la conocemos en la tierra, se basa en el agua
líquida, se están planteando misiones a Marte con el objetivo de encontrar agua
o al menos, indicios de la existencia de agua en tiempos remotos. Otro
candidato a albergar vida es Europa, una de las lunas de Júpiter, ya que podría
haber agua líquida debajo de la capa de hielo que lo recubre.
La
búsqueda de vida extraterrestre está llevando a estudiar ecosistemas en
la Tierra en los que podrían darse condiciones ambientales similares a las que
podrían sustentar vida en otros planetas, como por ejemplo los valles secos de
la Antártida o incluso el ambiente acidófilo de Río Tinto. Este tipo de estudios también
pueden cambiar nuestras ideas sobre el origen de la vida en la Tierra; así, en
la actualidad hay investigadores como Karsten Pedersen de la Universidad de Göteborg
(Suecia) que piensan que la vida no se originó en la superficie del planeta
como resultado de la sopa prebiótica sino que surgió en las profundidades, bajo
la corteza terrestre y que probablemente fue un primitivo quimiolitotrofo
el primer ser vivo. Por ello, se ha sugerido que la búsqueda de vida en Marte
debe hacerse tanto en la superficie como en la profundidad, bajo la corteza del
planeta. Otra hipótesis, relacionada con la panspermia indica que la vida pudo
originarse en hielo amorfo (no cristalino) como el que se encuentra en el
espacio interestelar.
Lo
que se ha dado en denominar “Ciencias del conocimiento” un conjunto sinérgico
de filosofía, psicología, neurobiología e inteligencia artificial tratará de
resolver uno de los objetivos más ambiciosos de la historia de la biología y de
la historia del conocimiento en general: comprender como funciona el cerebro
humano. Quizás, aquí, como en ningún otro caso, sea más fácil explicar cual es
él autentico reto en el momento actual y en nuestro futuro más próximo, y que
no es otro que el siguiente: dada la complejidad de los problemas existentes
debemos asumir la necesidad del equipo multidisciplinar. Así, la creación de un
lenguaje común para todos aquellos que estén implicados en la solución de un
problema será el primer reto a superar y donde la figura del generalista con una formación interdisciplinar
adecuada facilitará mucho el trabajo. En el caso enunciado, de poco servirá por
ejemplo el conocimiento a fondo de los
programas informáticos llamados redes
neuronales sino tenemos claro, que las denominadas neuronas informáticas no son sino una caricatura de una neurona
real.
Muy probablemente, el campo que mayor éxito relativo experimentará con
este enfoque, de una visión interdisciplinar para la
solución de los problemas, será la Ecología. Al generalizarse la utilización de
metodologías de otras disciplinas se permitirá un entendimiento más completo
del funcionamiento del ecosistema. Por otro lado, el momento actual, en que el
medio ambiente está especialmente amenazado, requiere una investigación que
permita salvaguardar los ecosistemas, haciendo los modelos de explotación más
racionales y menos destructivos. La aplicación de tecnologías de biología
molecular a la ecología está permitiendo un conocimiento más exhaustivo de los
ecosistemas (especialmente en cuanto a poblaciones microbianas no cultivables)
y el impacto que cualquier variación ejerce sobre estos ecosistemas.
Los
estudios sobre las circunstancias que determinan el cambio climático y sus
consecuencias, constituye, en gran medida, el hito de los estudios
medioambientales, sólo comparable al proyecto genoma de los biólogos y
genéticos moleculares. La toma de decisiones que vengan determinadas por los
conocimientos de uno y otro, constituyen todo un reto tanto para el saber como
para el futuro de nuestra especie, pues nos obliga a una visión integradora
alejada de los tradicionales enfoques reduccionistas,
que tan útiles son para el progreso puntual de la Ciencia, pero que en estos
momentos de obligada concepción holística, resultan
insuficientes.
Cabe
finalizar este apartado resaltando una faceta importante derivada del
desarrollo de la Biología, su influencia sobre el pensamiento humano actual.
Así, la Biología se erige como una de las ciencias más adecuadas en la
explicación y resolución de la problemática ideológica del hombre en torno a su
propia existencia y a la de la vida que le rodea, tema de enorme complejidad y
del que hay que reconocer que se sabe poco. Se trata de un campo de fuerte
polémica, donde la investigación es sobre todo documental y donde convergen
Paleontología, Astrofísica y Filosofía en torno a preguntas clave como el
origen de la vida, del hombre o la cuestión del azar en la evolución. La
Biología Molecular y la Genética, con su estudio físicoquímico
de los mecanismos hereditarios y de las potencialidades hereditarias en la
búsqueda de los secretos de la vida, es causa de una verdadera revolución
científica que ha cambiado la imagen del hombre y de la naturaleza, basando la
vida en conceptos de código y de información genética. Por supuesto, la secuenciación del genoma humano
trae consigo una serie de consideraciones éticas, de modo que no se discrimine
a las personas que tengan defectos genéticos que las hagan propicias a sufrir
determinada enfermedad y por otra parte, cada vez existen críticas más fuertes
a la patentabilidad del genoma humano, que es patrimonio de todos y a la
posibilidad de que el conocimiento del genoma permita manipulaciones del mismo
que atenten contra la integridad del ser humano, además de los problemas ya
suscitados por temas como la fecundación in vitro,
la utilización de embriones para fines terapéuticos, la clonación humana o el
conocimiento a la predisposición genética de padecer cualquier tipo de
enfermedad. Así, moralistas, filósofos o sociólogos se interrogan acerca de las
transformaciones de la humanidad que esta moderna tecnología permite entrever.
Otro
tema de actualidad es el referente al determinismo científico y la libertad
humana. El problema está en delimitar hasta qué punto la conducta humana está
determinada por leyes biológicas: si su naturaleza está determinada por unos
mecanismos genéticos bajo el control de distintos genes, resultado de la
evolución de las conductas animales, o su explicación queda totalmente o en
parte fuera del campo de la Biología. Mas aún, después de poder conocer con
antelación gracias al genoma de cada individuo, antes de su desarrollo, sus
predisposiciones no solamente físicas sino psicológicas.
Pero
quizás el campo de la Biología de mayor trascendencia social y de pensamiento
es el de la Ecología. La consideración del hombre como parte de los ecosistemas
estableciendo relaciones de interdependencia y ejerciendo una acción capaz de
modificar los equilibrios naturales, la consideración de que las agresiones a
la naturaleza pueden desbordar la capacidad de autorregulación de los
ecosistemas amenazando con consecuencias imprevisibles a todos sus integrantes,
y la conciencia de la realidad de destrucción y saqueo de la naturaleza y
degradación de la biosfera por parte de la civilización industrial han dado
lugar a la denominada crisis ecológica, una nueva visión del hombre respecto a
sus propias acciones sobre la naturaleza. Desde esta nueva perspectiva,
aumentada después de observar desde el espacio la limitación del planeta
Tierra, surge una conciencia sobre la necesidad de una explotación racional de
los recursos naturales, a la vez que una inquietud por la conservación del
medio ambiente y la protección de los seres vivos, cuya diversidad constituye
el principal patrimonio de la Humanidad.
Por lo tanto, y como consecuencia de este mayor y mejor conocimiento,
sería deseable que en las próximas décadas se generase una nueva forma de
pensar, y de actuar, que contemplará al hombre inmerso en su medio y no como
dueño y señor de su ambiente. Ello implicaría una nueva filosofía de vida
basada en el respeto tanto a su propia especie como al resto de las especies, y
que le autolimitaría en sus interferencias sobre el
medio ambiente ya que va en ello la viabilidad de nuestro futuro. En este
sentido, la visión integradora que nos proporciona el saber ecológico se
configura como una nueva ética que nos permitirá comprender mejor que nunca
cual es nuestro auténtico papel en el mundo en que vivimos, sólo depende de
nosotros que asumamos, o no, con un comportamiento adecuado, está misión.
Los distintos frentes de ampliación
del conocimiento y aplicación de éste que se encuentran abiertos en la Biología
actual auguran un auge desconocido hasta el momento para esta ciencia y hacen
muy posible que el siglo XXI sea considerado el siglo de la Biología.
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